El Recolector de Historias

El Recolector de Historias
Mostrando entradas con la etiqueta Catherine Crowe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Catherine Crowe. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de abril de 2015

"La Casa B... en Camden-Hill"

"La casa que habitaba el matrimonio B... en Camden-Hill no tenía nada de particular, salvo su gran número de habitaciones, todas ellas igualmente confortables.

El señor y la señora B... la habían alquilado por un precio razonable a un hombre de negocios de Temple, con la intención de convertirla en una pensión, donde pudieran alojarse modestos funcionarios o empleados de la vecindad.

Al principio, gracias a sus económicas tarifas, el negocio prosperó, pero un buen día un joven empleado llamado Rose se marchó bruscamente alegando que su habitación estaba embrujada.

Los esposos B... jamás habían ocupado aquella habitación, una sala espaciosa que daba al jardín. De este modo, antes de volverla a alquilar, decidieron comprobar por sí mismos lo que ocurría en ella.

Desde la primera noche debieron reconocer que Rose no había mentido.

Entre la una y las dos de la madrugada, la señora B... fue despertada por un extraño ruido, "como el de un enorme gato haciéndose la manicura sobre el parquet".

Casi al mismo tiempo, su marido también se despertó y los dos escucharon en silencio cómo el extraño ruido aumentaba, y luego disminuía en intensidad, como si su misterioso autor se acercara y alejara alternativamente de la cama.

Al fin, el señor B... no pudo más y gritó:

-¿Quién eres y qué haces aquí?

El ruido cesó, pero un segundo después fueron arrastrados violentamente los cubrecamas y las sábanas.

La señora B... encendió el mechero y alumbró una vela que guardaba cerca de sí. En la habitación no había nada insólito, sin embargo no hubo manera de encontrar las sábanas y los cubrecamas.

Se levantaron, cerraron la habitación con llave y se fueron a pasar el resto de la noche en su dormitorio.

A la mañana siguiente, volvieron a la habitación de Rose y encontraron las sábanas y los cubrecamas hechos un ovillo encima de la cama; los cubrecama, de gruesa lana, estaban intactos, pero las sábanas estaban completamente hechas jirones.

La señora B... se negó a repetir la experiencia, pero su esposo se obstinó en ello y a la noche siguiente volvió a instalarse en la habitación embrujada.

Esta vez mantuvo una linterna encendida en la cabecera de la cama.

Tardó mucho en dormirse, pero cuando empezaba a vencerlo el sueño, fue sobresaltado por el mismo ruido de la noche anterior.

El señor B... se incorporó y vio a la luz de la lamparilla a un viejecito de aspecto miserable, escasamente vestido, de pie en el centro de la habitación. Llevaba un curioso casquete de piel de gato y contemplaba al durmiente con manifiesta desconfianza.

Pese a estar bastante asustado, el señor B... preguntó al misterioso intruso cuáles eran sus intenciones. Por toda respuesta, éste empezó a resoplar como un gato encolerizado e intentó agarrar las sábanas.

Entonces el señor B... se dio cuenta de que sus manos descarnadas eran extraordinariamente largas y que terminaban en desmesuradas uñas.

Por casualidad el señor B... había puesto a su alcance una caña de junco, la tomó y con ella intentó pegarle al visitante nocturno.

No encontró resistencia alguna y el junco atravesó el cuerpo del viejecito como si fuera de humo.

Entonces el fantasma retrocedió, profiriendo gestos de amenaza; hundiéndose en la pared, despareció. La noche terminó tranquilamente.

Los esposos B... sacaron los muebles de la habitación y la cerraron. El fantasma no truncó la paz de ninguna de las otras habitaciones.

Pero aproximadamente dos años más tarde el matrimonio B... habló del extraño suceso a uno de sus primos, un marino de Kingston, que había venido a visitarles.

El marinero era un hombre robusto y de un sólido sentido común; por cortesía no quiso poner en duda las afirmaciones de sus primos, pero decidió pasar la noche en la habitación embrujada.

Con este fin, la amueblaron con una pequeña cama de campo, una mesita de luz y una silla, y colocaron una lámpara encendida en la consola de la chimenea.

El marinero tardó muy poco en dormirse pues no creía en historias de fantasmas.

Había cerrado su habitación con llave e incluso había asegurado la puerta con un sólido cerrojo provisional.

Entre la una y las dos de la madrugada, fue despertado por una fuerte sacudida en su cama y vio al viejecito del casquete de piel de gato que le observaba encolerizado.

Cuando el marino se disponía a levantarse, el fantasma retrocedió, resoplando como un gato furioso, y desapareció. Luego se oyeron muchos golpes de gran violencia contra o dentro de los muros y un enorme trozo de yeso se desprendió del techo. Pero el espectro no volvió a aparecer.

Poco después los esposos B... se marcharon de Londres para establecerse en Kingston y no se supo más de la casa de Camden-Hill".


Catherine Crowe

martes, 20 de enero de 2015

"El Crimen Invisible"

"En 1842 en el barrio de Marylebone, se derribó una casa a la que ya no acudía ningún huésped desde hacía ya muchos años, y cuyos propietarios no estaban dispuestos a gastar más dinero en reparaciones.

Sus últimos habitantes fueron el mayor W..., su esposa, sus tres hijos y su sirviente.

El mayor W..., que desempeñaba un digno cargo en la Intendencia, había insistido innumerables veces a sus superiores para que le permitieran cambiar de vivienda (el alquiler del inmueble estaba a cargo de la Intendencia). Como esta autorización demoraba, alegó para justificar su repetida insistencia que la casa estaba embrujada "del modo más desagradable".

Todas las noches, la puerta del salón se abría violentamente, se oía un ruido de pasos precipitados, una respiración ronca y luego dos o tres gritos horribles y la pesada caída de un cuerpo contra el piso.

A menudo encontraban los muebles volcados, sobre todo cuando estaban situados en el ángulo norte de la sala.

Luego se restablecía el silencio, pero alrededor de un cuarto de hora más tarde, se oía algo semejante a un pataleo, un sollozo y al fin un espantoso estertor.

El mayor W... acabó por prohibir a sus familiares la entrada a este salón. Incluso clausuró la puerta. Pero antes hizo constatar estos hechos por varios de sus compañeros del ejército. En efecto, el informe que presentó estaba firmado por el lugarteniente de Intendencia E..., el capitán S... y el comisario de víveres E...

Se procedió a una búsqueda de datos y muy pronto descubrieron una trágica historia.

En el año 1825, la casa estaba habitada por el corredor de joyas C... y su esposa. Esta última, mucho más joven que su marido, llevaba una vida desordenada y malgastaba enormes sumas de dinero.

Aunque el desgraciado C... le perdonó muchas veces sus caprichos, no parecía querer enmendarse; al contrario, su vida era progresivamente escandalosa.

C..., empujado por la amargura y los celos, se dio a la bebida.

Una noche volvió ebrio, decidido a acabar con sus desgracias.

Armado de un trinchete de zapatero, se abalanzó sobre su mujer, que huyó hacia el salón, pero C... la alcanzó y con un solo golpe de su arma, la decapitó. Permaneció largo rato mudo de horror ante su crimen, luego se colgó de la araña del techo.

Desde entonces ese horrible asesinato se reproducía cada noche, de una forma audible, pero jamás los espantados testigos vieron la más mínima aparición; sólo los ruidos fantasmales que se repetían con una perfecta exactitud.

La petición del mayor W... tuvo resultados favorables y, desde entonces, la casa permaneció desocupada hasta el día en que cayó bajo el pico de los demoledores".


Catherine Crowe