El Recolector de Historias

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martes, 5 de enero de 2016

"Los Lobos Skoll y Hati"

"Dicen que el mal siempre sigue de cerca los pasos del bien con la intención de destruirlo, por lo que los antiguos habitantes de las regiones del Norte imaginaron que tanto Sól (el Sol) como Mani (la Luna) eran perseguidos incesantemente por los fieros lobos llamados Sköll (repulsión) y Hati (odio). Hijos / hermanos de Fenrir que era el lobo gigante, la bestia del Ragnarök (el día del Fin del Mundo, El Ocaso de los Dioses) y hermanos de Mánagarm, el perro de la Luna que devora la carne de los muertos.

Pero la envidia los sacudía y su único objetivo era alcanzar y devorar a los brillantes y hermosos objetos que perseguían, Sköll perseguía a Sól y Hati a Mani, para que el mundo volviera a estar envuelto en su oscuridad inicial. Pero pendía de ellos una maldición hecha por Odín: sólo cuando llegara el Ragnarök serían capaces de alcanzarlos y destrozar los carros celestiales.

Se decía que a veces, los lobos alcanzaban e intentaban devorar sus presas, produciendo consiguientemente un eclipse de las brillantes orbes. Entonces, la gente aterrorizada provocaba un estruendo tan ensordecedor, que los lobos, asustados por el ruido, los soltaban de sus mandíbulas. Una vez libres de nuevo, Sól y Mani reanudaban su camino, perseguidos velozmente por los hambrientos mostruos a través de su estela, esperando con ansia el momento en el que sus esfuerzos se vieran recompensados con el fin del mundo. Las naciones del Norte creían que sus Dioses habían emergido de una alianza entre el elemento divino (Börr) y el mortal (Bestla, la giganta), por lo que eran finitos y estaban condenados a perecer junto al mundo que habían creado.

Mani también estaba acompañado de Hiuki, la Luna creciente, y Bil, la Luna menguante, dos niños que él había arrebatado de la Tierra, donde un cruel padre los había obligado a acarrear agua durante toda la noche. Nuestros antepasados creían ver a estos niños, con sus cubos perfilándose levemente sobre la Luna.

Los dioses no sólo nombraron al Sol, la Luna, el Día y la Noche para señalar el transcurso del día, pues también asignaron al Atardecer, la Medianoche, la Mañana, el Amanecer, el Mediodía y la Tarde para que compartieran sus tareas, nombrando al Verano y al Invierno como los gobernadores de las estaciones, como dirigentes del paso de los años, hasta el ocaso de los dioses.

Verano, desciende directamente de Svasud (el suave y el encantador). Heredó el carácter gentil de su señor y era amado por todos excepto por Invierno, su mortal enemigo e hijo de Vindsual, el cual era a su vez hijo del desagradable dios Vasud, personificación de los vientos helados.

Los vientos fríos soplaban continuamente desde el Norte, enfriando toda la Tierra y los nórdicos creían que eran puestos en movimiento por el gran gigante Hresvelgr (el devorador de cadáveres), el cual, ataviado con plumas de águila, se sentaba al borde del extremo norte de los cielos y cuando levantaba sus brazos o alas, frías ráfagas se creaban y soplaban despiadadamente sobre la faz de la Tierra, destruyéndolo todo con su aliento helado".


Leyenda de la Mitología Nórdica

domingo, 20 de diciembre de 2009

"La Promesa del Vikingo"

"En el Mar Báltico, cerca de la desembocadura del Oder, hay una isla que lleva actualmente el nombre de Wolin, pero que antaño se llamaba Ioms, y poseía una villa fortificada, Iomsborg.Allí, bajo el reinado del rey danés Svend, que llevaba el sobrenombre de “Barba doble” fundó Palnatoke, una colonia de Vikingos. Esta colonia se hizo casi independiente, tuvo su gobierno y su derecho consuetudinario y pronto se hizo próspera.La isla servía de base para fructosas operaciones sobre las costas vecinas, y pronto albergó una flota numerosa y el rico botín traído de las aventuras.Los guerreros que la habitaban, libres e intrépidos, se sometían, no obstante, a reglas rigurosas.

Habían promulgado leyes que ninguno podía infringir sin que le fuera en ello la vida. Prevenían así la relajación de las costumbres y conservaban en un alto grado las virtudes militares. Las mujeres estaban proscritas en la villa y, en periodo de paz, los vikingos no habían de permanecer fuera de las murallas más de tres noches consecutivas.Al rey Svend “Barba doble” no le gustaban los vikingos de Ioms, cuyas expediciones no respetaban el país danés. Pero los temía por su audacia y no se atrevía a atacarlos abiertamente. Sin embargo, tramaba acabar con ellos con la astucia y buscaba en su propia temeridad el instrumento de su ruina.Después de largas reflexiones, decidió invitarlos a una gran fiesta funeraria que se celebraba a la memoria del rey Haroldo, su padre. Envió, pues, mensajeros a Ioms, ante el duque Sigvald, quien gobernaba a los vikingos, rogándole que asistiera con sus guerreros a las solemnidades que preparaba.
El día señalado, la escuadra de los vikingos de Ioms se armó y se hizo a la vela en dirección a Dinamarca. El rey Svend la aguardaba en la isla de Seeland, en la que se celebrara la conmemoración y , cuando la flota estuvo a la vista, contó en ella sesenta navíos, todos ellos magníficamente aparejados, que cubrían todo el mar hasta el horizonte.Para dar una buena acogida a sus huéspedes, Svend había ordenado celebrar unas ceremonias pomposas y había invitado a todo lo que de noble e ilustre había en Dinamarca. Conforme a la usanza, habían puesto grandes mesas para el festín.Ya la primera noche, los vikingos se pusieron a beber sin moderación las bebidas fermentadas, la cerveza y el hidromiel, que les servían unos solícitos servidores. Y se pusieron a reír estrepitosamente, a cantar, a bromear y a pronunciar palabras desatinadas. Cuando el rey vio que los vapores de la embriaguez empezaban a turbar su razón, alzó la voz y dijo:— Señores, no olvidemos que este día está consagrado al recuerdo de mi venerable padre. Bebo pues, y os pido que bebáis conmigo por Haroldo, rey de Dinamarca.Llenaron los cuernos de metal cincelado y les dieron a los vikingos los más grandes, que rebosaban de la mas fuerte bebida. Y toda la asamblea bebió en honor de Haroldo.— Ahora, dijo Svend, conviene que alabemos a Dios por los bienes y la gloria que concede a cada uno de nosotros. Bebo, pues, y os pido que bebáis conmigo por el nombre de Cristo.
De nuevo circularon entre los convidados los cuernos llenos; los que colocaron ante los vikingos tenían la altura de un niño. Y toda la asamblea bebió en honor de Cristo.El rey continuó:— Es justo también, en una reunión de guerreros, que se rinda homenaje al patrono de los hombres de guerra; el duque de las legiones celestiales. Bebo pues, y os pido que bebáis conmigo por el nombre de San Miguel.Los cueros fueron llenados por tercera vez, y los que cogieron los vikingos superaban cualquier medida conocida. La asamblea bebió en honor de San Miguel.El rey Svend comprendió entonces que los vikingos no eran ya dueños de sus palabras. Extendió el brazo para apagar el rumor que se elevaba y exclamó con un tono de buen humor:— Señores, mi corazón se alegra grandemente por el espectáculo que se ofrece a mi vista; nunca han visto estas murallas compañía tan buena y numerosa, ni festín tan agradable por la alegría y la resistencia. Y un acontecimiento tan singular como éste, ¿no ha de dejar huella? Desearía que se produjera, hoy, en este lugar, un hecho único y extraordinario que hiciera este día para siempre memorable.

El duque Sigvald se levantó. Tenía la cara larga y la nariz encorvada; su tez era de natural pálida, sus ojos eran claros y brillantes. Entorpecido por la embriaguez, apenas podía tenerse en pie. Y respondió al rey:— Tu proposición, Svend, merece ser tomada en consideración. Pero no olvidemos que tú estas por encima de nosotros, como la montaña esta por encima del océano; es a ti, pues, a quien corresponde dar el ejemplo de las acciones admirables que harán célebre este festín en este tiempo y en los tiempos por venir. Aquello que ti harás primero, nosotros lo haremos a continuación; me comprometo a ello delante de todos.El rey le dio las gracias y dijo:— Es costumbre, durante las fiestas como éstas, en las que están reunidos eminentes personajes, que se formulen promesas solemnes, propias para ennoblecer a quien las hace y para servir al interés común. Yo me plegaré de buen grado a esta respetable usanza, convencido como estoy de que seré seguido por vos, señores, y quizás superado; pues, así como los vikingos de Ioms son superiores a todos los demás hombres del Norte, del mismo modo sus promesas y sus proezas deben superar a todas las promesas y a todas las proezas. Vos, señores, sois cautivos de vuestra valentía y de vuestro renombre; no podéis emprender nada que no sea singular y maravillosamente llevado a término; vuestras aventuras llenarán de asombro a la posteridad.Estas alabanzas obtuvieron un murmullo de aprobación. El rey Svend sonrió y continuó.— Puesto que me corresponde a mí hablar primero, he aquí mi promesa: me comprometo a expulsar de sus Estados, antes del tercer invierno, a Ethelred, rey de Inglaterra; y digo que si no es expulsado de ellos, será muerto por mi mano sobre el suelo de su país, y quiero incorporar su reino al mío en el plazo que he declarado. Ahora te toca a ti, Sigvald, duque y caudillo de Iomsborg; te desafío a que hagas una promesa que valga con loa que yo acabo de hacer.Sigvald replicó:— Tu reto, rey Svend, es digno de tí y también de mí. Pero primero beberé, como tu hiciste hace un instante, a la memoria de mi padre, el duque Strutharald, quien, con prudencia y acierto, gobernó la provincia de Skaane, en Suecia.
Y cuando se hubieron vaciado los cuernos, Sigvald prosiguió:— Escuchad cual es mi promesa: haré la guerra a Noruega con mis solas fuerzas, con mis compañeros y mis soldados; antes de dos años, habré expulsado de sus Estados o muerto por mi mano al duque Haakon ; y si esto no es así, sabed, señores, que dormiré mi último sueño bajo el túmulo de piedras de tierra noruega.— ¡Esta es, exclamó el rey, la promesa que podía esperarse de un guerrero como tú! ¡Honor a ti, Sigvald, duque y caudillo de Iomsborg! Pero veo a tu lado a tu hermano Thorkel el grande, cuya estatura es la de un roble adulto. ¿Qué promesa hará él? Creo que, si abre la boca, oiremos palabras notables.Thorkel el grande se volvió hacia el rey y dijo:— Hace un rato que pienso en ello. Mi promesa será esta: como la sombra no deja a la lanza bajo el sol, yo no dejaré tampoco a mi hermano Sigvald; no huiré antes de que vea la popa de su nave vuelta hacia el enemigo. Y si él pone pie a tierra en las playas de Noruega, yo permaneceré en ésta tanto tiempo como su estandarte ondee sobre una línea de batalla.El rey replicó:— Nunca han contemplado mis ojos a hombre más capaz que tú de cumplir lo que prometes. Y tú, Bue el corpulento, cuyo peso hace doblegarse a un caballo y vacilar a la nave de mejor puente, ¿qué nos dirás? Si tu promesa está a la altura de tu corpulencia, palabras formidables van a herir nuestros oídos.Bue era enorme, como una de esas peñas que quebranta la furia de las olas; tres hombres habrían cabido holgadamente en la cota que ceñía su torso.— Esta es mi promesa, rey Svend — dijo él con voz de trueno —: marcharé con el duque Sugvald en esta expedición, y sólo huiré cuando haya mas guerreros abatidos que en pie; e, incluso entonces, si el duque Sigvald lo quiere, yo resistiré.— No esperaba menos de ti replicó el rey —. Ahora es tu vez, Sigurd, a quien llaman “manto”, tú, cuya intrepidez, si damos crédito al rumor popular, no tiene igual. Ya has oído a Bue, tu hermano; dinos ahora qué harás tu. Sigurd-Manto se puso en pie. Era bello, poco hablador y tímido. Respondió:— Mi promesa es corta, señor. Seguiré a mi hermano; huiré si él huye, moriré si el muere.— Lo sabía —dijo el rey—, estáis unidos, no sólo por la sangre, sino por el valor de vuestras almas. Ahora tú, Vagn, hijo de Aege. Tus tíos Bue y Sigurd te muestran el camino. Se sostiene que tu fidelidad nunca flaqueó, y que si sólo existe un hombre capaz de cumplir su palabra, tú eres ese hombre. Y tengo curiosidad por oírte, pues aquellos de quienes desciendes fueron intrépidos guerreros y audaces navegantes.
Vagn avanzó hasta el centro de la sala. Era alto y bello, y toda su persona respiraba juventud y fuerza; llevaba una armadura resplandeciente, un collar de oro y un casco cuya cimera brillaba como la media luna.— Rey Svend, dijo, ésta es mi promesa: También yo iré con el duque Sigvald hasta Noruega; combatiré junto a Bue, mi tío, a quien amo mas que a ninguna otra persona en el mundo, y mientras Bue viva, él tocará mi mano y verá relucir mi espada. Pero yo haré dos promesas más: la primera es la de no volver a Dinamarca antes de haberme acostado en la cama de Ingeborg, la hija del noruego Thorkel Lera, la más hermosa doncella del Norte, y ello sin el consentimiento o incluso contra la voluntad de su padre y de toda su familia. La segunda es la de no volver a Dinamarca antes de haber matado a Thorkel Lera, que es el primero entre los hombres de Noruega.
Guardó silencio, y el rey exclamó:— La promesa mas grata y la más temeraria es la que tú has hecho, Vagn, y esto no puede sorprender a nadie, pues tú te elevas, por la audacia y la constancia, por encima de los héroes de este país y de los que viven en otras regiones.Entonces, bebió en honor de Vagn y la asistencia lanzó largas aclamaciones. Un viejo poeta cantó la batalla que libraron los vikingos con el duque Haakon sobre las playas de Noruega, en el fiordo de Hiörungevaag.En los gavilanes del mar, en las grandes naves veloces, los vikingos llevan espadas y cotas; la velocidad es su gozo, el azote de la brisa, su placer. Y se lanzan a través de las líquidas praderas.
Por todas partes, del mediodía a septentrión, ha resonado el fragor de las armas. Tú no esperabas tan pronto, Noruega, este choque formidable. Y tú, oh duque, el destructor de los feroces navíos, de los monstruos marinos, tu tiemblas ante la nueva de que, en el sur, llevadas y mecidas por las olas, ascienden las naves de Dinamarca.Por el mar profundo, condicen los guerreros sus naves, sus embarcaciones ligeras. Y ahora, poeta, entona el canto de honor para los héroes valerosos, para aquellos que han combatido, han remado, han tensado el arco con los ojos clavados en el suelo natal, y que han muerto realizando grandes hechos.El horizonte se cubre de barcos impacientes. El viento impele con viveza a los vikingos hacia el norte. En las velas y las jarcias, retumba y ruge la tempestad. Sobre las montañas de espuma, galopan los corceles de la mar; su pecho hiende las azules aguas; a sus flancos se levantan y se desploman gélidas cascadas; sus pies dominan el furor de la ola.
Los corceles de la mar han conducido a sus amos hasta la tierra de Noruega, y el estrépito de las batallas pronto llena los aires. Allí se encuentran y chocan innumerables navíos; los escudos retumban bajo el golpe de las espadas, y para los cuervos se prepara un inmenso botín.El duque Haakon ha escogido a sus hombres más valientes, a sus soldados más decididos para hacer frente al asalto de Sigvald. Ha formado en orden de combate a sus mejores navíos. Los remos emparejados tiemblan bajo el vigoroso esfuerzo de los remeros, pero el corazón de los guerreros que se abren camino por las olas no ha temblado.
A la cabeza de los vikingos van tres caudillos de renombre: Sigvald el duque, que es fuerte y buen capitán; Bue el corpulento, de brazo terrible; y Vagn, el mas bello joven. Toda una flota obedece a cada uno de ellos, una flota que recibe de sus labios la orden de vencer. Largo tiempo
perdurará el recuerdo de aquellos cuyas armas han levantado este tumulto. Para siempre será famoso el combate librado en el ancho Hiörungevaag.Las naves danesas, blancas y puras como vírgenes del océano, se deslizan a lo largo de las riberas. Algunas ya están vacías de marineros, muchos corceles que vagan por el agua ya no llevan sino cadáveres. En lo más alto de los mástiles se agitan las banderas. El viento de las espadas cortantes desgasta las camisas de hierro. ¡Cuántas vidas destruidas bajo las hondas y las lanzas! Sobre los grandes escudos, cantan las espadas desnudas.Cabezas y manos saltan por encima de la borda. A los lobos atraídos a la ribera, el mar les trae su presa.El vikingo hiende los cascos de bronce y corta las cotas más sólidas. El vikingo asesta golpes redoblados en la masa enemiga. Aquel que hace frente al vikingo corre al encuentro de la muerte.
Ningún arma permanece inactiva; los puños golpean los pechos; con rabia remolinean las espadas; las hachas buscan ávidamente los cráneos; en espesa nube vuelan las flechas; con grandes voces, cantan, sobre los escudos, las espadas ensangrentadas. Cuando brilla la espada fogosa, la cota, cosida bien tupida por las manos de las mujeres, se rasga de arriba a abajo; defensa inútil en lo sucesivo, buena para lanzar al mar.Los gavilanes de la mar se doblan y gimen bajo el peso de los muertos. Las espadas prontas a abrir heridas abaten a los héroes intrépidos; sobre las cabezas cantan las espadas relucientes; los cascos rotos ya no preservan de la muerte.Crece el fragor de la batalla. Se oye a lo lejos, en el mar y en tierra firme. Y he aquí que, ante el furor de los vikingos, en el huracán de dardos, entre los quejidos y el clamoreo, los hombres de Noruega retroceden.
Con la cólera y la desesperación en el corazón, el duque Haakon debe retroceder. Gana la playa y desembarca en la arena. Entonces, echa mano de un cuchillo afilado, hace venir a su hijo pequeño, Erling, un hermoso niño, y lo degüella, lo sacrifica a los dioses, invocando la victoria. No obstante, Bue el temible ha roto la línea enemiga. Su nave vuela a través de las filas. Hace un gran trabajo para los cuervos, y el canto de las espadas ahoga el rumor del mar.Y de repente, del norte, acude contra los vikingos la tempestad. Un tremendo temporal se abate sobre los guerreros de Dinamarca. El pedrisco crepita sobre los cascos; las nubes dejan caer piedras de hielo; el viento ciega a los héroes. Las heridas se abren, la sangre mana.
Cada pedrisco es tan grande como una moneda, y cada pedrisco le da a un hombre. La sangre roja se derrama por el mar, pero el agua del cielo borra pronto sus huellas. Con la lluvia se mezclan flechas y azagayas, y, de pronto, los nubarrones se animan: en la bruma, galopa y carga el ejército de las valquirias.¡Noruega, Noruega, un nuevo ardor te posee! ¡Lanza adelante, oh duque, la nave en que ondea tu bandera!En la proa de esta nave hay una mujer de pie. Los vikingos, llenos de espanto, lo han visto. Ella extiende los brazos; sus ojos lanzan llamas maravillosas; de sus dedos salen flechas, numerosas como las gotas de lluvia. Abte la horrible hechicera, caen los más nobles guerreros; nada puede salvarlos de la muerte. Nunca tan dura prueba ha sorprendido a unos héroes; nunca tan gran desorden ha turbado el inmenso mar.El miedo habla con su voz funesta a los oídos del duque Sigvald: «¡Saca a tus naves de la batalla, iza la vela, coge el timón! ¡Allá abajo donde está la tierra de Dinamarca, una esposa amada espera tu regreso!».
Las velas suben a lo alto de los mástiles, la ola impulsa a los barcos, en el viento hincha sus alas blancas, y hacía el horizonte huye Sigvald el cobarde.Pero Bue y Bagn no han huído. ¡Que se alejen hacia Dinamarca los barcos traidores! ¡Que otros, privados de guerreros, se dispersen a la ventura! en el de Bue y en el de Vagn permanecen los hombres valientes. El que los aborda es repelido con violencia, el que los ataca es precipitado al agua profunda.
Pero Bue, el héroe fornido, es golpeado duramente; su nasal está destrozado, sus labios, cortados, sus mejillas, rajadas, su mentón, roto. Pero el enemigo no lo capturará- En el fondo de la nave hay dos cofres llenos de tesoros. Bue se apodera de ellos y se arroja al mar, que traga al valiente.Vagn ha combatido como el águila; bajo su espada ha sometido a los más fuertes, a los más audaces. Ha dado a las aves de rapiña una abundante cantidad de alimento. Pero el número lo abruma, la fatiga lo aplasta; sus heridas le escuecen, su sangre le quema como el fuego. Con treinta de los suyos, es capturado por los noruegos.
Los vencedores ganaron la costa con sus prisioneros. Ataron a éstos unos con otros con una larga cadena y los encerraron bajo la vigilancia de esclavos. Luego, los noruegos encendieron fuegos, sacrificaron reses y prepararon un festín en el que pasaron el tiempo hasta el anochecer. Cuando estuvieron saciados, fueron a ver a los prisioneros, y el duque Haakon dijo feliz;— Señores, he decidido, para regocijaros después de la bebida, que todos estos vikingos sean decapitados antes de la noche; y he decidido también que el mas digno y mas glorioso de nosotros, Thorkel Lera, el primer guerrero de este país, lleve a cabo esta mueva proeza.— Ella no me asusta nada — Dijo Thorkel Lera —, y que pierda vuestra estima, señores, si me hago culpable de blandura. Acomodaos y ved actuar a la espada de Thorkel Lera.
Desataron a algunos de los vikingos mas heridos, y tres de ellos fueron arrastrados ante él. Los esclavos, ocupados hasta entonces en vigilarlos, les tiraron de los cabellos hacia atrás para que el cuello quedase bien al descubierto. Thorkel levantó su espada e hizo caer las tres cabezas una detrás de otra. Luego volviéndose hacia el duque, dijo orgullosamente:— Una vieja leyenda pretende que no pueden cortarse tres cabezas seguidas sin demudarse. ¿Es eso cierto, duque Haakon?El duque contestó:— Tu rostro no se ha demudado, Thorkel, durante la tarea, pero has palidecido, me parece, antes de empezarla.
Hicieron avanzar a un cuarto vikingo, que sufría también graves heridas y apenas podía moverse. Thorkel lo miró de hito en hito y le dijo:—Hete aquí buen cerca de la muerte, amigo mio. ¿Qué piensas de ello?
El vikingo respondió tranquilamente:—Pienso que esto mismo le llegó a mi padre, a mi abuelo y a todos mis antepasados, y que preciso es que me llegue a mi también. Los esclavos le hicieron arrodillarse, tiraron hacia sí de sus cabellos, y Thorkel lo mató.Trajeron al quinto vikingo. Thorkel Lera le preguntó:—¿No encuentras desagradable morir?El hombre dijo:—Sabe que las leyes de Iomosborg no enseñan ni el miedo ni el lamento. El mismo se inclinó y presentó el cuello a la espada.Con la sexta víctima, Thorkel repitió su pregunta y recibió esta respuesta:—Es preferible morir honrosamente como yo que vivir vergonzosamente como aquel que hace oficio de verdugo. El séptimo vikingo se acercó. Tenía en la mano un chuchillo que no habían podido arrebatarle.
Cuando Thorkel le hubo preguntado contestó:— Estoy contento de morir de este modo y sólo deseo una cosa, que tu golpe sea rápido y certero. En Iomosborg, hemos discutido muchas veces sobre si un hombre al que decapitan conserva algo de conocimiento en el instante que sigue a la caída de su cabeza. Quiero hacer esta experiencia con este cuchillo, y te ruego que me observes con atención cuando me hayas cortado la cabeza; si conservo algo de conocimiento, agitaré mi cuchillo; sin o, mis dedos lo dejarán escapar.Thorkel se lo prometió y le asestó un golpe rápido como el rayo. El vikingo cayó rodando al suelo y el cuchillo le saltó de la mano.
El octavo vikingo, hombre de aspecto feroz, con ojos encendidos, le respondió:—Moriré sin queja, como todos los vikingos de Ioms, pero no quiero ser tratado como un cordero. Permíteme sentarme; entonces, me golpearás en pleno rostro y observarás bien si cambio de expresión, pues éste es también un problema sobre el que no nos ponemos de acuerdo.Se hizo lo que él deseeaba, y Thorkel le golpeó con su espada en pleno rostro. Las facciones del vikingo permanecieron inmíviles, excepto los párpados, que se cerraron cuando la muerte los tocó.A continuación, los esclavos empujaron hacia adelante a un muchacho que tenía una magnífica cabellera rubia y sedosa.—No sientes mucho dejarnos tan pronto? — le preguntó Thorkel Lera.—¿Porqué habría de sentirlo? — respondió—.Lo mejor de mi vida ya ha pasado, y acabo de ver morir a tan grandes guerreros, que me sonrojo al pensar que yo pueda sobrevivirles. No obstante, me repugna ser arrastrado a la muerte por unos esclavos. Exigo que un hombre libre ture de mis cabellos, y que ponga cuidado en que la sangre que saltará no los manche.Un noruego se acercó y agarró la cabellera del adolescente. Tuvo que enroscarla varias veces en torno de sus muñecas, de tan largos y finos como eran sus rizos; luego, tiró violentamente. Thorkel hizo oscilar su espada, pero, en el preciso instante en que el arma caía, el vikingo hizo un movimiento hacia atras con la cabeza, de manera que el golpe alcanzó al que sostenía los cabellos y le cortó limpiamente los brazos a la altura del codo. El muchacho se puso en pie de un salto y exclamó echándose a reir.—¿Quién de vosotros, señores, ha olvidado sus manos entre mis cabellos?El duque Haakon dijo a los de su corte:—Verdaderamente, éstos son unos temibles adversarios; no conozco nada que esté a la altura de su valor y su astucia. Y, dirigiéndose a Thorkel Lera, añadió;—Apresurate a matar a todos los que todavía viven; sino, las cosas pueden tomar un mal cariz.
Entonces, su hijo, el duque Erik, que estaba a su lado, le hizo señas a Thorkel Lera de que esperase y dijo:—Dudo de que haya de terminar esta tarea. Su audacia y su genio me llenan, no de espanto, sino de admiración. Sería mas prudente ganarnos a estos valientes que exterminarlos como malhechores. Informémonos, por lo menos, de su ascendencia; la mayoría de ellos no pueden ser de raza vil.Y preguntó al joven vikingo cómo se llamaba.—Me llamo Svend, soy hijo de Bue el corpulento y de nobleza danesa.—¿Qué edad tienes?—Cumpliría dieciocho años el próximo invierno si viviera hasta entonces.—Vivirás; me comprometo a ello.Y le hizo entrar en su séquito. El duque Haakon frunció el ceño. Una cólera sorda le llenaba el pecho, pero la contenía, pues temía a Erik, que era querido en Noruega y resistía mal la autoridad paterna.—¡Sea! —dijo—, éste te pertenece. Y ahora, ¡que Thorkel Lera acabe de una vez!
Erik intervino de nuevo:—Todavía no. Quiero conversar con estos hombres y decidir sobre la suerte de cada uno de ellos. El duque Haakon guardó silencio. Trajeron a otro prisionero, que era alto, bello y de aspecto vigoroso. Thorkel le dijo: — Y tu vikingo, ¿no echas de menos alguna cosa, ahora que vas a morir?—Nada, dijo el hombre, salvo no haber podido cumplir antes una promesa solemne que hice.El duque Erik preguntó:—¿Cómo te llamas y cuál es la promesa?El vikingo respondió:—Soy Vagn, hijo de Aage y nieto de Palnatoke, el fionés.—¿Y tu promesa?—Me comprometí, su desembarcaba en el suelo de Noruega, a matar a Thorkel Lera, después de haberme acostado, contra su voluntad y la de los suyos, en la cama de Ingeborg, su hija, que es la doncella mas seductora del Norte. Y afirmo, señores, que moriré apesadumbrado, que habré malogrado mi vida, si no puedo cumplir mi promesa.
Al oir estas palabras, Thorkel Lera exclamó:—¡Ya te lo impediré yo!Se arrojó sobre Vagn, con la espada al puño. Pero su enemigo, rápido como el rayo, evitó el choque. Thorkel golpeó el aire y, arrastrado por el peso del arma, cayó pesadamente, perdiendo su espada. Vagn se apoderó de ella y, antes de que nadie pudiese detenerlo, dio con ella un golpe terrible en la nuca de Thorkel, diciendo:—Por lo menos habré cumplido la mitad de mi promesa y moriré contento a medias.El duque Haakon se levantó, presa de una extrema agitación, y acuciaba a sus hombres a matar a Vagn. Pero el duque Erik se precipitó delante de los noruegos y les dijo:—Si me es permitido levantar aquí la voz, os juro que antes pasareis por mi cadáver que tocareis a este vikingo.
El duque Haakon palideció. Vio a su hijo sereno y decidido; vio a sus fieles, vacilantes, bajar sus lanzas y retroceder; y extendió su mano en signo de paz.—No nos pelearemos por tan poca cosa, hijo mío —dijo—; que se haga tu voluntad, ya que eres tú, ahora, quien habla como dueño y señor.—Señor —respondió Erik—, algún día me daréis la razón por haberos conservado la vida de este hombre. Por lo que se refiere a Thorkel Lera, no os sorprendáis de su fin repentino. Vos mismo, padre mío, lo habéis anunciado hace un momento al decirle: «Has palidecido al comenzar tu tarea». Y nadie ignora que la palidez de la frente de aquel que va a dar muerte a otros es el presagio cierto de una muerte próxima.El ejército noruego levantó pronto el campo para volver a sus ciudades. Vagn se sentó junto al duque Erik. Cabalgó hasta el anochecer hasta que llegaron a la villa de Vigen. Y aquella noche, se acostó en la cama de Ingeborg, la virgen mas bella del Norte, y permaneció junto a ella todo el invierno".


Leyenda de la Mitología Nórdica

lunes, 14 de diciembre de 2009

"Fenrir"

"En la mitología nórdica, Fenrir (Fenris) es uno de los tres monstruos que nacieron de la unión entre Loki y Angrboda.Al principio sólo era un cachorro, pero conforme se le alimentó comenzó a crecer, y pronto fue tan grande que era imposible controlarlo (solo Tyr era tan valiente como para darle de comer). Dos veces fallaron los dioses en su intento por apresarlo (primero con la cadena Leding y luego con una más fuerte llamada Droma) ya que se liberaba con gran sencillez. Los dioses del Asgard pidieron la fabricación de una ligadura irrompible a los enanos. Éstos les fabricaron una cinta liviana, dulce, sedosa y fina, y que sin embargo nadie podría romper, pues estaba fabricada con el sonido de la pisada del gato, la barba de la mujer, las raíces de la montaña, los nervios del oso, el soplo de los peces, la saliva del pájaro. La llamaron Gleipnir. Sólo Tyr -el dios con cuernos- se ofreció a realizar la proeza. Para ello, los dioses idearon un juego en el que Fenrir debía dejarse amarrar para probar si podía romper la cinta (que ellos no podían). Desconfiado, debido a sus anteriores experiencias, el lobo consintió para no pasar por cobarde, a condición de que uno de ellos pusiera la mano en su boca durante todo el tiempo que durara la prueba. Tyr, entonces, con valentía y sencillez extendió su mano derecha y se la metió en la boca. Los otros dioses ataron a Fenrir, quien empezó a debatirse cada vez más ferozmente, y los dioses se rieron al ver a su enemigo reducido. Sólo Tyr no se rió pues sabía a lo que estaba expuesto. En efecto, Fenrir al darse cuenta de que le habían tendido una trampa, cerró su boca y le cortó la mano al dios.La razón de este encadenamiento es que los Aesir saben que será causante del fin del mundo. En el Ragnarok, cuando rompa su prisión milenaria y se libere de sus cadenas, el fuego y el agua subterráneas invadirán la Tierra. Matará a Odín y será muerto por Vidar".

Leyenda de la Mitología Nórdica

martes, 10 de noviembre de 2009

"Asgard"

"Asgard, es el hogar de los dioses, es el plano mas cercano a Yggdrasill, el árbol del mundo. Muchos de los hogares de los dioses asgardianos en forma de palacios o grandes pabellones llamados también estancias o salones por que la importancia la tienen sus grandes nombres.
Odin tiene dos palacios en Asgard, Valhalla y Valaskjalf.
Valhalla: El Valhalla es el hogar para todos aquellos caídos en combate los einherjar(los muertos heroicos). Tiene 550 puertas, cada una de las cuales es suficiente ancha para que pasen por ella 800 hombres a la vez marchando hombro con hombro.Estas enormes puertas están diseñadas para que los guerreros escojidos se lanzaran al ataque al primer signo del Ragnarok, el día de la ciada de los dioses, donde caerían de nuevo al lado de estos, en una gran batalla en la llanura de Vigrit".


Leyenda de la Mitología Nórdica.

sábado, 31 de octubre de 2009

"Sigurd Vencedor del dragón"

"Sigfrido o Sigurd, hijo del héroe Sigmund y favorito de Odín, creció huérfano. De gran valentía, cuando era muy joven, mató al dragón Fafnir por deseo de Regin, el herrero, robándole el tesoro. Sin embargo, el tesoro oculto estaba encantado por un anillo que había recibido una maldición y la tragedia se desata. Sigurd, poco después se casa con Gudrun, hija del rey de los Nibelungos y accede a ayudar a su hermano Gunnar a conquistar Brynhildr, una valquiria que vivía tras un muro de fuego. Disfrazado de Gunnar, la conquista tras entregarle el fatídico anillo, luego de lo cual, Gunnar, se casa con ella. Pero Gudrun, la esposa de Sigurd, al ver a Brynhildr llevar el anillo, le cuenta la verdad para burlarse de ella. Brynhildr, furiosa y exige que Gunnar y su hermano Hogni maten a Sigurd, para después suicidarse, quemándose en la propia pira funeraria de Sigurd. Gudrun se casa con Atli, hermano de Brynhildr, al cual le pide que mate a Gunnar y a Hogni, en venganza por haber matado a Sigurd. Luego Gudrun mata a sus hijos con Atli, hace unas copas con sus cráneos y le sirve a Atli su sangre en lugar de vino y sus corazones en lugar de carne. Finalmente, incendia su palacio, y mueren todos los que allí estaban".

Leyenda de la Mitología Nórdica

jueves, 29 de octubre de 2009

"El Cantar de Grimmir: El Mito del Árbol del Mundo"

"Sobre Yggdrasill, o el árbol cósmico, se apoyan los nueve mundos escandinavos. Ciervos y cabras mordisquean sus ramas, su tronco se pudre el dragón Nidghogg masca sus raíces, lo cual produce gran sufrimiento. Pero es salvado por las tres Normas: Destino, Ser y Necesidad, que riegan todos los días el agua con el pozo del destino.

El poema escandinavo "El cantar de Grimnir" dice que de todos los árboles, Yggdrasill es el mejor. Yggdrasill
es un enorme fresno que crece en el centro del cosmos protegiendo y nutriendo a los mundos.
En el cantar, los dioses cabalgan todos los días "desde Yggdrasil" para repartir sus destinos a la humanidad, y fue en Yggdrasill donde Odín, dios supremo, se sacrificó por voluntad propia, colgándose durante nueve días, antes de poder agarrar las runas
del poder. Yggdrasil daba la vida a nueve mundos, dispuestos entre capas:

1. Superior: Asgard, el reino de los Aesir, de los dioses guerreros.
2. Vanaheim, reino de los Vanir o dioses de la fertilidad.
3. Aflheim, reino de los elfos
de la luz.

En la capa central, unidos con Asgard por Bifrost, el puente del arco iris, estaba Midgardr (Tierra Media), reino de los hombres mortales , y también Jotunheimr, mundo de los gigantes, Nidavellir, tierra de los enanos Svartalfheiem, tierra de los elfos negros. Debajo estaba Niflheimr, reino de los muertos, y su fortaleza Hel.
El noveno mundo, a veces se considera que es Hel y a veces el fuego primigenio Muspell, que aniquilará la creación al final de los tiempos.
Yggdrasill sobrevivirá y portegerá en el bosque de Hoddmimir al hombre y a la mujer que han de repoblar el mundo. Las ramas de Yggdrasil se extienden por todo el mundo y llegan hasta los cielos.
Yggdrasill, árbol del sacrificio, Yggdrasill significa literalmente "caballo terrible" o "caballo de Odín". Cuando Odín se inmoló en el árbol para conseguir el conocimiento de las runas mágicas, se lo describe como "cabalgando" sobre el caballo en el mismo sentido en que los poetas escandinavos se refieren a la horca como a un caballo.
Yggdrasill, árbol protector, Yggdrasill cobija a los nueve mundos. Al final del tiempo, durante la batalla de Ragnarok protegerá a un hombre y a una mujer: Lif y Lifthrasir, que se alimentarán por las mañanas de su dulce rocío y serán el inicio de la nueva vida en la nueva era".

Leyenda de la Mitología Nórdica

martes, 27 de octubre de 2009

"La Elfa Agradecida"

"Erase una vez una mujer que soñó con otra mujer que seguramente pertenecía al Pueblo Oculto. Esta última le rogaba en su sueño que le proporcionara leche para su niño durante todos los días de un mes, y que la dejara en un lugar de la casa. Ella le prometió que así lo haría, y al levantarse cumplió su palabra; puso un cuenco de leche en el lugar acordado todos los días, y la leche siempre desaparecía. Esta situación continuó durante todo un mes. Cuando el mes finalizó, la misma mujer se le volvió a aparecer en un sueño y le dijo que había hecho bien, y que como recompensa podía recoger el cinturón que encontraría en su cama cuando despertara. La señora se desvaneció y nuestra protagonista despertó, encontrándose un bello cinturón hecho en plata, exactamente como la mujer elfa le había prometido".

Leyenda de la Mitología Nórdica

jueves, 22 de octubre de 2009

"Loky y el Gigante"

"Durante la guerra entre los Aesir y los Vanir, Asgard había perdido sus murallas. Un día, vino un hombre a caballo y ofreció construir una muralla más fuerte que la anterior. Sin embargo, el precio por su trabajo era el sol, la luna, la diosa Freyra como esposa. Por consejo del artero dios Loki, los dioses acceden, pero solo con la condición de que la obra se realice en seis meses (algo que, naturalmente, consideraban imposible). Pese a esto, el hombre y su caballo, Svadilfari, trabajaron con tal rapidez que la obra fue acabada tres días antes del plazo. Los dioses estaban aterrados, por lo que Loki, que podía transformarse, adoptó forma de yegua y logró alejar a Svadilfari para que el hombre fuese incapaz de terminar a tiempo la muralla. El hombre se enojó entonces tanto que empezó a crecer y crecer y a mostrar que en realidad era un gigante de las rocas, una estirpe que odiaba a los dioses. Entonces Thor le da muerte con un golpe de martillo. Meses después, Loki regresó con un extraño potrillo, engendrado por Loki y Svadilfari. Se trataba de Sleipnir, el futuro caballero de ocho patas de Odín, que corría más que nada en el mundo y podía llevar a su jinete hasta Hel, la tierra de los muertos".

Leyendas de la Mitología Nórdica

domingo, 18 de octubre de 2009

"Cielo Vikingo, el Valhalla"

"He aquí que veo a mi padre, he aquí que veo a mi madre, a mis hermanas y mis hermanos. He aquí que veo el linaje de mi pueblo desde sus principios. Y he aquí que me llaman, me piden que ocupe mi lugar entre ellos, en los atrios del Valhalla, el lugar donde viven los valientes para siempre..."

Leyenda de la Mitología Nórdica

"El Origen de los Elfos"

"En cierta ocasión Dios Todopoderoso fue a visitar a Adán y Eva, quienes le recibieron con agrado y le mostraron todo cuanto había en su casa, incluidos sus niños que le parecieron muy prometedores. Él le preguntó a Eva si tenía algún otro hijo además de los que le había mostrado. Ella respondió que no. Pero la realidad es que Eva no había tenido tiempo de bañar a algunos de sus niños cuando llego Dios, y tuvo vergüenza de enseñárselos, así que los escondió donde no pudieran ser vistos por él. Dios que todo lo sabía, le dijo: "Aquellos que tienen que ser ocultados a mí, también tendrán que ser ocultados ante los hombres". Es por ello que ahora esos niños se han vuelto invisibles para los hombres, viven en los bosques, ciénagas, colinas y rocas. Los elfos descienden de ellos, mientras que los humanos son los niños que Eva mostró a Dios. Los seres humanos no pueden ver, bajo ningún concepto, a los elfos a no ser que éstos lo deseen, pero los elfos sí pueden ver a los humanos e impedir que éstos los vean. Por esta razón son denominados el Pueblo Oculto. El nombre más común para los elfos en Islandia es Huldufolk o Pueblo Oculto, que se considera más elegante y apropiado que el viejo término álfar o elfo".

Leyenda de la Mitología Nórdica

viernes, 16 de octubre de 2009

"Nisses"

"Había innumerables hordas de Nisses en los viejos tiempos, y casi cada pueblo y villa por pequeño que fuese tenía sus propios Nisses. Su número ha decrecido bruscamente estos ultimos tiempos. No alcanzan mayor altura que la de los niños pequeños, visten siempre ropas grises y usan un sombrero rojo y puntiagudo; pero sólo tienen 4 dedos, ya que en su día perdieron los pulgares. Asientan sus reales en cuadras y establos donde cuidan con mimo a los caballos y al ganado, hacia quienes muestran un favor tan grande como el que le guardan a los humanos.
Estos seres son muy dados a las jugarretas, a veces dejan a las vacas perdidas en los prados, o aterrorizan a las criadas apagándoles las lámparas repentinamente; otras atan con tal fuerza los fardos de heno que la pobre doncella a duras penas puede abrirlo y en el momento en que está tirando con todas sus fuerzas, lo sueltan y la desdichada cae al suelo de espaldas. En cierta ocasión una chica recogía heno y se encontró con una bola bastante grande de algo similar al algodón, la puso en su regazo sobre el delantal para verla mejor y cuál no fue su sorpresa, rayaba en el pánico, cuando se desenrolló y saltó hacia ella un Nisse riéndose y gritando. Este tipo de faenas les encantan a los Nisses y después de sus jugarretas se destornillan de risa. Frecuentemente se escucha por las noches ladrar al perro y no se sabe la razón; es que el Nisse esta haciendo de loas suyas, les divierte tirar de la cola de perros y gatos y burlarse de ellos con todo tipo de artimañas. Si se sienten agusto en la granja con sus amos, aseguran la prosperidad de la hacienda, los Nisses por lo general tienen buen corazón y si se les trata bien son buenos trabajadores. Ayudan a las criadas a llevar las vacas al establo, a fregar, traer agua, etc. Incluso roban heno de la granja vecina para traerlo a la de sus amos. Lo cual provoca violentas reyertas entre el Nisse de una y otra granja; pero eso si, nunca debe ser molestado y se ha de recordar que es preciso darle comida y bebida todos los jueves por la noche y especialmente en Nochebuena. No acepta la mofa o la falta de respeto y aunque es pequeño si se enfada resulta temible, en una ocasión una chica se comió su comida para burlarse de él y le dejo el platillo vacío. El Nisse la agarró y se puso a bailar con ella con tal vigor y velocidad que a la mañana siguiente fue encontrada muerta en el suelo. A pesar de sus peculiaridades, los Nisses son queridos en la mayoría de los sitios".


Leyenda de la Mitología Nórdica

miércoles, 14 de octubre de 2009

"Las Valquirias"

"Las Valquirias eran mujeres sobrenaturales que tenían varias misiones: vivían con Odín en el palacio dorado de Valhalla, donde servían cerveza a las sombras de los guerreros muertos; también entraban en la batalla sobres sus caballos, con armaduras y con lanzas, y asignaban la victoria y la derrota - "valquiria" significa literalmente "la que elige a los caídos" - Dos Valquirias, Gunn y Rota, elegían a los hombres para la muerte, acompañadas por Skuld (necesidad), la más jóven de las Nornas, una de las Tres Parcas que conforman las vidas de los hombres. Las Valquirias pudieron haber tenido relaciones especiales con los guerreros llamados bersérker quienes inspirados por la furia de Odín en las batallas, se despojaban de sus armaduras para luchar con fuerza sobrenatural. Ciertamente, los bersérker, tenían muchas probabilidades de morir en la batalla y por lo tanto ganarse un lugar en el Valhalla, donde pasaban el tiempo luchando y bebiendo. El Valhalla se representaba como un enorme palacio dorado, con techo de escudos, una estructura de lanzas y 540 puertas, por cada una de las cuales, podían desfilar en columnas hacia la batalla final de Ragnarok".

Leyenda de la Mitología Nórdica

domingo, 13 de septiembre de 2009

"Los Dedos del Troll"

"Thorvald, el hijo de Björn Skafin, vivía en Njardvik tras la muerte de su padre y cuidaba de su hogar con gran esmero, pues todas las cosas que poseía eran muy valiosas: por ejemplo, un robusto barco de pesca.
Se comenta que cierto día partió remando hacia un banco de pesca llamado Caldero Profundo; al poco de llegar, se echó una niebla tan densa que no se podía ver nada y a duras penas se distinguía más allá de una braza de la proa de la nave. Por si esto fuera poco, además se levantó un fuerte oleaje, así que no pudieron permanecer mucho en el barco de pesca. Thorvald ordenó a la tripulación que remaran contra el oleaje, pero fue en vano, por mucho que se esforzaban el banco era arrastrado en dirección contraria como si lo empujara una fuerte corriente. Esto continuó durante largo tiempo hasta que avistaron tierra firme y entonces se dieron cuenta que el barco se dirigía a una cueva al norte de Njardvik, llamada Cueva de Kogur que, a su vez, se abre en el interior de otra enorme gruta que se denomina la Cueva de Kogur-Grim. El barco se internó en ella transportado por una poderosa corriente de aguas turbulentas.
Tan pronto como Thorvald vio a dónde se dirigían su barco, apremió a la tripulación a que se pertrechara con garfios y palos que tenían abordo para tratar de salir de la cueva a la menor oportunidad que se presentara. Incluso él mismo tomó una hacha grande y se aproximo a la proa. El barco penetró en la gruta y, justo en mismo instante en que la quilla tocó fondo una gigantesca mano agarró la nave por la borda. Pero Thorvald, que permanecía muy atento, cortó los dedos de la monstruosa mano con su hacha y estos cayeron dentro de la nave.
La tripulación estaba puesta con las pértigas y, obedeciendo la orden de Thorvald empujaron el barco hacia la salida de la cueva. En ese momento una gran roca cayó junto a ellos procedente del interior de la gruta. Aunque no dañó la nave fue a parar tan cerca que provocó grandes olas. A pesar de todo Thorvald y sus hombres consiguieron salir con bien de aquel lugar hasta allegar a Skalanes, donde descansaron por un tiempo; posteriormente remaron hacia los bancos de pesca y en esta ocasión lograron muy buenas capturas.Thorvald guardó los dedos del troll para enseñárselos a la gente y todo el mundo convino que eran enormes y horribles".

Leyenda de la Mitología Nórdica

martes, 25 de agosto de 2009

"La Muerte de un Dios"

"En muchos sentidos (tal vez, en todos), nuestra cultura es heredera de la tradición judeocristiana, y como buenos descendientes de esa tradición, nos cuesta imaginar que un dios pueda ser aniquilado. La muerte de Jesús es sólo aparente: un destino que debía cumplirse; y digo aparente porque la fe católica le debe más en la Resurrección que en la Pasión. Hoy hablaremos de la muerte de un dios. Dentro de las creencias nórdicas existe la tradición del "Ragnarok" , que significa algo así cómo: "el crepúsculo de los dioses"; allí se nos describe con mucho detalle cómo los dioses caerán en una batalla épica ante las huestes de los Gigantes del Frío. El concepto es complejo, ya que muchas cosas deben cumplirse antes de que llegue el día del conflicto; profecías y hados de los cuales hablaremos en otro momento; pero lo central es que hay una batalla, de la cual los dioses no pueden librarse, y aún sabiendo que serán derrotados, anhelan que ese atardecer, el último, finalmente llegue. Ahora bien, el mito del Ragnarok es gigantesco, profundo e insondable; allí morirá Odín, Señor de los Dioses; su espíritu divino se desgarrará bajo las fauces del Lobo. Destino cruel para el creador de las Runas, pero no exento de gloria: lucha con honor y cae; final feliz que el espíritu nórdico alaba y añora; pero existe otra tradición, menos pródiga en honores, más humana (si se quiere), o menos teñida de ese valor que sólo encuentra motivación en el sacrificio. En ella hay algunos rasgos patéticos que hubiesen sido más afines con el Romanticismo que con la fría Islandia. Allí muere un dios; lejos de los campos de batalla y de los grandes salones del Valhalla. Imaginar un dios es tarea de filósofos y teólogos, imaginar su muerte es de poetas. Este mito nace como historia en Islandia (aunque posiblemente se desarrolló primero en Noruega) dónde la nueva fe cristiana no separó a los hombres de los antiguos dioses, quienes siempre conservaron por ellos una profunda nostalgia. Los preservaron en mitos y leyendas; arraigados profundamente en el corazón, pero sólo eso; ecos de una grandeza que hizo temblar a Roma. Vivían aún en las fábulas, pero los templos y los viejos robles, sedes inmemoriales de su culto, yacían olvidados, escombros de un fe otrora poderosa. Cierta noche llegó un anciano a la corte del rey Olaf Tryggvason. Los rasgos del anciano revelaban que era de noble cuna, pero algo en su porte le daba un aire etéreo, muy impropio de un anciano. Iba envuelto en una capa oscura, negra como las plumas del cuervo; el sombrero de alas anchas le cubría los ojos. Después de cenar, el rey se dirigió al Anciano y lo interrogó sobre los avatares de su vida. El Viejo respondió que su vida fue larga, demasiado como para describir sus pormenores, declaró que lo único que aún podía hacer con algún talento era tocar el arpa, y contar historias. El fuego era un bastión frente a la noche, las sombras lamían las paredes del castillo, y las llamas crepitaban y saboreaban la dura madera del norte. Los hombres se reunieron en torno al Anciano; afuera, salvo el ronco aullido de algún lobo en el descampado, no se oía nada. El Anciano se sentó de espaldas a las llamas, de manera que los oyentes veían su figura recortada: una espectral sombra encorvada por los años; vencida y desgastada por el recuerdo de mil desgracias y de efímeras alegrías. Sus dedos acariciaron el arpa, la música flotó sobre los hombres, y en cada oído palpitó con una melodía diferente: habló de Brunhild y de la dulce Krymild, de Sigurd y del enano Andvari, del dragón que duerme sobre las joyas, y de un río que es sepulcro de tesoros. Cantó todas las cosas que pueden decirse con palabras; los hombres temían respirar, nadie deseaba quebrar el encantamiento. La música, derramada en los oídos, despertaba en los asistentes los ecos imprevisibles de la memoria: algunos veían a sus madres susurrándoles dulces y tristes historias, otros eran transportados al hogar de la abuela, quien narraba heróicas hazañas de ancestros olvidados; pero a todos los unía una sensación común, la certeza de que todas aquellas cosas (el fuego, el viejo, el castillo, acaso el Midgard) eran irreales. Y así trascurrió la noche, los oídos atentos y el recuerdo vivo; finalmente, el Anciano relató el nacimiento de Odín. Dijo que las Tres Mujeres (que no deben nombrarse) auguraron que el niño no viviría más que la vela que se consumía sobre la mesa. Con la rapidez que provoca el terror, los padres de Odín apagaron la vela para que el niño no muriera. El rey Olaf, quien se había convertido a la fe católica, declaró que la historia era falsa. El anciano torció la boca en una mueca que bien podía ser una sonrisa; buscó entre los infinitos pliegues de su capa y la presentó ante los hombres, una vela a medio consumir. La depositó sobre la mesa y anunció: "Quien tenga el valor para matar a un dios, ya sabe lo que debe que hacer" El Viejo abandonó el salón y se sumergió en las heladas sombras. Los hombres se miraron, pero nadie se movió. La noche reanudó sus sonidos: el viento azotaba las paredes del castillo, oprimiendo los corazones. El rey se puso de pie, tomo la candela, y la encendió. El tiempo se hizo pesado, pegajoso; la vela, erguida sobre la mesa, se consumía lentamente. Cada hombre presagiaba un final diferente, algunos imaginaban que el cielo se quebraría, que infaustos rayos caerían para castigar tamaño sacrilegio. El tiempo pasó, un gallo cantó a lo lejos anunciando a la aurora; llegaron las primeras luces del día, los corazones se calmaron. La vela estaba consumida, yacía sobre la mesa, inerte, como los Viejos Dioses. Los hombres se desperezaron, se pusieron de pie; cada uno con la intención de dirigirse hacia sus hogares. El rey, siguiendo las reglas de la hospitalidad, los acompañó hasta sus monturas. Salieron y el frío de la mañana les bañó el rostro; un cielo azul los cobijaba; caminaron unos vacilantes pasos y lo vieron: el Anciano, con el azul del cielo en los labios, yacía tendido en la hierba, consumido. La leyenda quiere que el anciano muerto sea Odín, al menos así lo refieren los maestros de la tradición. Yo pienso que no; que es algo más. El Viejo es el último creyente de una fe abandonada; y también es Odín. Muere porque sólo él cree en los antiguos dioses; ya no queda otro, nadie realiza ofrendas ni eleva plegarias. No hay devotos sin un dios, ni dios sin creyentes. Odín murió, es cierto, pero no en la infame batalla del Ragnarok, sino cuando se consumió la vida de su último creyente".

Leyenda de la Mitología Nórdica